A mi hijo

 

Cierto día, llegó a la base aérea de Tres Esquinas (Caquetá) un destacamento de la Armada Nacional desde Puerto Leguízamo (Putumayo). Su misión, enseñar a los militares de la base aérea como es el despliegue de las lanchas artilladas, pirañas, que patrullaban el rio Orteguaza, de la jurisdicción de la fuerza aérea por ser límite de esta. Era una demostración que harían los marinos e implicaba el uso de armas de fuego para simular un tiroteo desde la orilla del rio por los guerrilleros.  Con el tiroteo la lancha que viene por entre el rio, debe desplegarse hacia la orilla para de ser posible desembarcar para atrincherarse y defenderse. Como implicaba disparos el evento se debía informar a cada uno de los centinelas repartidos alrededor de la base, para que no respondieran ante un supuesto ataque. La logística estaba a cargo del oficial de turno, encargado de la vigilancia de la base y sus subalternos.

El entrenamiento inició y en el mirador hacia el rio, en el casino de oficiales, se ubicaron varios de estos como espectadores, además de otro personal curioso del evento. Se avistaron las lanchas con el personal en entrenamiento en ellas, cada uno con chaleco salvavidas. El coordinador desde tierra que era el teniente de la Armada inició con disparos al aire con su fusil y las pirañas iniciaron despliegue hacia la orilla. Del costado del casino se vieron y escucharon los disparos de otros fusiles en dirección hacia las pirañas e inició la confusión. El centinela en la garita, al lado del casino, desconocía del ejercicio militar, no había sido informado al igual que el soldado encargado de distribuir la leche. Estos, al escuchar los disparos, prestos activaron sus fusiles hiriendo de muerte a mi hijo, el soldado estafeta Miguel Salcedo de apenas dieciocho años de edad, quien se había ofrecido como voluntario para ir en la lancha y hacer el ejercicio...hijo te extraño.

Hola queridos compañeros de la generación del 95, soy Elvira. Hoy mi hijo cumple nueve años de muerto y quiero al calor de unos vinos, rendirle un sentido homenaje. Los hijos los cuidamos y los preparamos para la vida, pero nunca imaginamos que lo absurdo sea la causa de su muerte. Cuando lo seleccionaron para prestar el servicio militar movimos palancas para que fuera en una base aérea pues pensamos estaría mejor. Su deseo era servir así que el deseaba ir.  Fue un buen recluta, y logró destacar entre sus compañeros donde lo nombraron como estafeta para la médica rural de la base aérea. Sus labores incluían: el desplazamiento de la médica hacia el hospital, conocer el santo y seña para poder desplazarse dentro de la base en las horas de la noche por si había algún requerimiento de la médica y les colaboraba a los compañeros hospitalizados enviando mensajes telefónicos a sus familiares, haciéndoles además mandados y asistiéndolos en todo lo que el pudiera hacer para que estuvieran cómodos en su hospitalización. La FAC me lo devolvió con honores, pues dizque murió en batalla. Batalla, es la que mi esposo y yo debimos llevar para que la Fuerza Aérea Colombiana reconociera lo errado de su organización. Debieron cuidarlo, era tan joven, y como es que muere en un entrenamiento militar a mano de otro compañero. Nuestros muchachos, los soldados bachilleres, aún son muy inmaduros para cargar un arma.

Amigos, no los contacte antes pues me mantengo “enjunglada” que es mi manera de decir que estoy en la selva, en Puerto Nariño(Amazonas), donde me desempeño como voluntaria en una ONG para promoción de la salud física y mental de las comunidades indígenas. Así que me mantengo sin internet. Les cuento un poquito de mi vida. Estudié arquitectura en la Universidad de los Andes en Bogotá y me casé con “mi rolo adorado”. Tuvimos dos hijos. Los cuatro fuimos muy felices en esa ciudad. Al morir mi hijo mayor nuestras vidas tomaron otro sentido. Me siento muy feliz colaborando en la comunidad. Trató de lograr la paz interior, pero el día del aniversario de Migue me tomo unos vinos, y vuelven los remordimientos. Les pido excusas  por lo ambiguo de mi mensaje. 

Espero pronto poder verlos.  Programemos un reencuentro de la promoción. Ya es justo.







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