Reminiscencias

 

Hola, talleristas.

Veo que están dirigiendo cartas imaginarias a sus compañeros o compañeras de promoción de secundaria. Por más que lo intento, no encuentro el tono para esa carta, de modo que cambio un poco el tema, refiriéndome más bien a algunos recuerdos aislados de la época estudiantil.

Así, por ejemplo, recuerdo el corrillo que se formaba después de clase en torno al profesor de Español, un señor delgado como don Quijote que usaba siempre corbatín y escribía columnas en un periódico. Los compañeros se sorprendían con la dicción refinada y los términos rebuscados del profesor.

Recuerdo también a un estudiante que se sentaba siempre al fondo del salón, en la última hilera, y parecía muy concentrado en sus notas durante las clases, pero en realidad dibujaba caricaturas de los profesores que luego hacía circular de mano en mano.

En cierta ocasión, un compañero, en un impulso de ateísmo irreverente, arrojó a la papelera del salón el crucifijo que reposaba sobre el tablero presidiendo las clases. El rector en persona, con el corazón herido, dio luego una dura reprimenda al grupo que había permitido tal desaguisado. El crucifijo, claro está, volvió a su puesto de honor.

Uno de los números infaltables en los actos culturales era el de un compañero moreno y obeso que imitaba a un niño declamando un poema. Era la historia de un pirata que salía a vivir aventuras en su barco. Después de algunas líneas, el niño olvidaba el texto, repetía el último verso, tratando de refrescar la memoria, y finalmente rompía en llanto y llamaba desconsolado a su mamá. Esta parodia despertaba siempre las risas incontroladas del auditorio.

Comentarios

  1. Hola Jorge, gusto en saludarte. Aquí también acordándome de anécdotas, pero en especial de Sara y de Candia. Candia siempre mostró gusto por los animalitos y toda la botánica, pero se paniqueaba con los cucarrones. Recuerdas cuando Alejo y Sara de maldad, en esa época de lluvias que los pastos del colegio se llenaban de cucarrones, recogieron una lonchera con estos animalitos y la pusieron en medio del pasillo y en el momento que Candia pasaba la agitaron y la abrieron y ella corrió, cayéndose y fracturándose el antebrazo. A ellos los suspendieron tres días y este par se dedicó después a atender a Candia en el colegio tanto que los tres se volvieron inseparables. ¡Que ironía! Un saludito

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    1. Ah Jorge... Sara recordó aquí en el blog a esa niña que solía quitarse los zapatos en el salón. Acuérdate, a la que tú le escondiste los zapatos y regresó a la casa sin zapatos, pobrecita. Que maldadoso y travieso eras. Jajaja. Se llama Beatriz. ¿Sabías que ahora es la pareja de Sara?

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